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Por qué odias la Navidad y cómo sobrevivir a ella.

La Navidad llega imperante, amenazante desde finales de octubre ya.

No hay escapatoria.

Siempre llega y además cada vez te dan el chute navideño antes.

Dentro de poco estaremos comprando los libros del cole en agosto mientras escuchamos villancicos.

Hay amantes de la Navidad. Existen, si odias la Navidad, los odias también 😉

Personas que sonríen y son muy felices poniendo la lista de Spotify con villancicos y paseándose por el Corte Inglés en busca de regalos para sus seres queridos.

Se sienten llenos y realizados.

Pero quizá no seas uno de los afortunados amantes de estas fechas, porque no es fácil serlo. Es casi una lotería ser feliz en Navidad, así que no te culpes por ello.

Sí, es casi una lotería poder estar pletórico de que llegue la Navidad.

La mayoría de las personas que disfrutan estas fiestas tienen una vida que encaja en los estándares:

  • No hay demasiadas muertes cercanas.
  • Hay nacimientos y proyectos familiares nuevos.
  • Hay niños por los que mantener la ilusión y tradiciones.
  • No hay grandes desgracias ese año.
  • La gente con la que te reúnes en estas fiestas es de tu agrado.

Padecer o disfrutar la Navidad depende en gran parte de una especie de balanza entre las cosas positivas y negativas que hayan pasado en las relaciones familiares en los últimos años.

Quizá haya habido alguna pérdida o ruptura, lo cual podría no hacer tanto estrago si hubiera algún nacimiento que ayude a los miembros a re-configurar la familia.

Pero cuando año tras año somos menos en la mesa y las desgracias y achaques van en sumatorio, es difícil sentarse a a mesa que parece darte un bofetón de lo que fue y ya no es, de los malos derroteros a los que todo está yendo.

Eso es un bajón total y un verdadero pulso.

Y encima tienes que estar feliz, sociable y generoso. 

Toma ya, más tensión para el cuerpo.

Conclusión:

¡¡Que llegue de una santa vez el 8 de Enero!!

¿Por qué odio la Navidad?

Te preguntas sobre la razón del estrés o la tristeza que te genera saber que ya vienen esas malditas fechas.

Sobre por qué lo pasas tan mal en Navidad.

Por qué se levanta el Chuky interno, y tu mente se llena de pensamientos negativos, falta de paciencia y mala leche.

En en fondo sabes la razón.

En realidad, aunque haya muchas razones para disfrutar la Navidad, hay una gran razón que nos lo dificulta: la obligación de estar feliz y que todo sea perfecto.

Nada nos aleja más de la felicidad que la obligación de serlo.

Y es que no solo tenemos que estar felices sino que tenemos la sensación de tener que cumplir con otras tantas cosas, que es el colmo ya. Tensión sobre tensión.

He recopilado 6 grandes rigideces que están activos tras los diferentes tipos de malestar y ansiedad en Navidad en lo que he visto a nivel personal y en los años de terapia.

Si crees que estás siendo víctima de una de estas imposiciones, te invito a que reflexiones sobre ello y al final del post, te doy algunas ideas de qué hacer con estas maravillosas tareas navideñas que a algunos caen como verdaderas losas inasumibles.

6 “Deberías” por los que no te gusta la Navidad.

Regalos para todo el mundo.

  1. Quizá no te apetezca ir a comprarlos.
  2. No tengas tiempo.
  3. No sepas qué comprar.
  4. No tengas dinero para poder hacer los regalos que te gustaría.
  5. Te sientes preso de los compromisos porque a ti te regalan y en realidad tú no quieres que te regale X.
  6. Etc.

Comida gourmet.

Y la presión por tener que hacer la cena inolvidable, que todo salga bien, que la comida cumpla las expectativas de la gente, etc.

Queremos dar lo mejor y que la gente está feliz. Y quizá ni siquiera tienes dinero para permitirte llenar la mesa de tanta comida.

De nuevo esto puede convertirse en un pulso interno donde mis expectativas e ilusiones chocan con la cruda realidad, y me doy cuenta de que mi vida no está siendo como me gustaría que fuera.

Relaciones idílicas.

Uno de los puntos por los que la gente más odia la Navidad es la cantidad de eventos sociales donde te encuentras con todo el pueblo, cada uno de su padre y de su madre.

Tienes que aguantar al cuñado, a la suegra, al nuevo novio de tu amiga que en realidad no tragas…

Siempre hay alguien con quien no te apetece sentarte a cenar. 

¿Y para dónde se va tu mente? Ahí, al haba negra del cocido.

Además tenemos la capacidad de dejar a un lado todas las cosas buenas y sufrir por todos los pensamientos y juicios sobre esa persona que no soportamos y tenemos que estar aguantando en esta velada que tenía que ser todo amor y paz. Así que por esto, y mucho más, se odia la Navidad y nos preguntamos ¿Cómo sobrevivir a estas fechas?

Lo que fue y no volverá.

Este es un punto grande también. Y todos vamos a tener que hacerle frente. 

La vida es muy larga y la experiencia de la Navidad sin duda, va a cambiar drásticamente en muchas direcciones a lo largo de nuestra vida.

No queda otro remedio así que deberíamos ir buscando una píldora como antídoto y fuerza para hacer frente a esto.

Van a faltar los que por ley de vida toque.

Pero ocurren las desgracias de repente un cáncer o un accidente de tráfico nos ha llevado a alguien a quien no tocaba. Y esto es aún más desgarrador.

Y además de las pérdidas por muerte están otras pérdidas que casi pueden ser más duras a veces: las rupturas sentimentales.

Antes disfrutabas en pareja y ahora estás solo frente a tu familia o amistades, pero sientes una amputación y nada parece llenarte ese vacío.

Quizá estabas intentando llevar el duelo los meses anteriores y estabas incluso un poco recuperado, pero de repente estas fechas meten el dedo y te recuerdan lo ocurrido.

Es un momento crudo y también importante para que nos conciliemos con la idea de la impermanencia y podamos aprender a vivir lo siguiente de una forma diferente.

Superar un duelo es saber que todo volverá a ir bien pero aceptar que nada volverá a ser igual.

Todo por y para los demás.

Estas fechas en las que tenemos que estar muy pendientes de las personas y especialmente a muchas mujeres se nos suman las responsabilidades adicionales de organizar las cenas, hacer las compras de las cenas, cocinar, organizar los regalos, etc. 

(Llamamiento a los hombres:

Por favor, se que cada vez sois más los que sois activos en estas cosas, pero ten en cuenta que tu pareja/mujer/X puede ser una de las mujeres que se ven totalmente desbordadas por este punto y aunque no lo grite, está pidiendo ayuda porque también ella quisiera disfrutar.

Y quizá no diga nada. Si no lo dice es porque quiere que estéis bien y no está pensando en si misma, pero está colapsada por el estrés y la presión.)

Tengámonos en cuenta todos a todos y tratemos de hacer en equipo todos los quehaceres que la Navidad pone por delante.

Si te ves en esta situación: dilo.

Exprésate bien y a tiempo sin necesidad de estallar y no cargues con cosas que no quieres asumir.

Los demás tienen que responsabilizarse también, y si no lo hacen, al menos ya se ha movido algo y lo mismo dejas de hacerlo tú también con todo tu derecho. No es 100% responsabilidad de nadie.

Partiendo de que ya de por si las Navidades son fiestas sensibles, lo que faltaba era añadir una montaña de responsabilidades que en realidad te dan igual, pero que tienes que hacer porque “se te demanda”, o sientes que “tienes que”.

Y de repente te ves solo, desbordado por una lista de tareas por y para los demás. Esto de nuevo te pone en la batalla de que quisieras disfrutarlo y no lo haces. Así que además te sientes mala persona y amargado.

Pensamientos positivos y confetis por doquier.

Ya de por si vivimos más en nuestra mente que en nuestra vida y pasamos los días en el pasado y el futuro. Pero esto se enfatiza cuando no estamos bien.

Nuestra mente funciona con una especie de detector de “cosas malas” y cuando detecta algo que “debería no estar” empieza a generar pensamientos al respecto y nos atrapamos en un bucle de queja y pensamientos de juicio a los otros y victimismo.

¿Resultado? Más malestar.

De por si pensamos y pensamos sobre nuestras emociones y nuestra vida. Cómo queremos que sean las cosas, etc.

Estamos todo el día juzgando y valorando todo. Pero además cuando no estamos bien, nuestra mente lo hace con más intensidad.

Con el mayor cariño del mundo lo digo, nos volvemos muy egoístas e incapaces de ver más allá de nuestro propio dolor.

Este sistema que funciona en automático se hace cada vez más denso y trae consigo:

  • Incapacidad de disfrutar del disfrute de los demás.
  • Incapacidad de disfrutar de poder ofrecer cosas a las demás personas, de aportar algo.
  • No vemos más allá de nuestro propio sufrimiento.

En ese bucle interno, ves un árbol con regalos y una familia feliz, y surge toda la familia de emociones perturbadoras.

Fuegos artificiales (navideños) con los que fulminar los “deberías” que te hacen odiar la Navidad.

Hemos visto una especie de anatomía de los principales “tengos que” o “debería ser” que son rígidos y por ello, al no ajustarse a las diferentes situaciones que se nos van dando en la vida, generan explosiones donde nuestra vida ya no encaja en el estándar navideño.

Te voy a dar algunas píldoras para aflojar un poco esto que genera tal cantidad de sufrimiento innecesario, pero te advierto una cosa:

Las emociones perturbadoras y dolorosas se engordan a si mismas y aunque quizá tú quieras estar bien, hay una gran resistencia a dejar a un lado ese malestar.

Una parte de ti va a seguir queriendo estar mal y va a querer boicotear cualquier intento de sufrir menos. Además porque muchas veces has comprado ya tu rol de “odio la Navidad” y quieres seguir mal y odiándola.

Te aviso que así ocurre y te va a saltar una excusa contra cada punto que proponga para no hacerlo, y seguir estando en tu rumiación de queja y dolor.

¿Por qué no te gusta la Navidad? Un ejercicio de mindfulness para que escuches a tu emoción.

Hemos visto algunos de los imperativos sociales que pueden estar detrás de mucho del malestar ¿te has visto reflejado en ellos?

Quizá tengas claro por qué no te gusta la Navidad, pero si no lo tienes, te invito a que te dediques un rato y puedas atender qué es lo que está ocurriendo internamente para que puedas cuidarte, incluso aprender de ti y tomar buenas decisiones de re-adaptación a cómo te relacionas con estas fechas.

Te dejo aquí un ejercicio de escucha emocional muy potente que puede ayudarte.

En función de lo que veas con este ejercicio de mindfulness o de la razón que tengas clara de por qué no te gusta la Navidad, toma uno u otro de los consejos que doy aquí. 

Si no encuentras en el post la guía que necesitas para poder sobrellevar la razón que te está generando dolor estas fiestas, déjalo en los comentarios y podré decirte algo más personalizado.

¿Estás hasta las narices de cumplir con los “deberías” navideños?

Si esto te está generando mucho sufrimiento. Por favor, plántate ya y haz algo diferente al respecto.

Haz unas respiraciones para coger perspectiva y haz una lista de posibles ideas alternativas al respecto de los regalos, de la comida, de la cena, de las reuniones sociales, etc.

No es nada radical ni es pasar de cero a cien.

Deja el pensamiento de que no hay otra forma o “es que…” y haz una lista de ideas locas y cuerdas. Todas las posibles alternativas a eso que no soportas más.

De verdad, hazla.

Coge un papel ya mismo si vas en serio contigo mismo y quieres coger a la vida y a tu bienestar por los cuernos. Al menos mira opciones de verdad.

Plantéate el grado y tipo de sufrimiento que te genera perpetuar esas dinámicas y el grado y tipo de sufrimiento que te genera hacer algún cambio.

Quizá te interese pasar un mal rato de vergüenza o sensación de culpa por dejar de hacerte cargo de algo de lo que te has responsabilizado en los últimos años, o dejar de participar en alguna tradición familiar.

Quizá sea más beneficioso para ti y para tu gente más cercana que hagas añicos algo rígido que ya no va a ningún lado, te enfrentes a esas emociones difíciles que surgen cuando rompemos las expectativas de los demás.

Y de repente, aún pasándolo un poco mal por haber roto algo, te sientas un poco más libre y al menos sepas que por esta Navidad y la de los siguientes años, hay un cambio. Dejas de arrastrar una cruz.

Se que es difícil, pero por favor, valora la posibilidad de sacar de tu vida alguno de los “deberías” navideños.

No te pongas en una posición de víctima como si no hubiera nada que hacer y ya solo padecer de por vida estas fiestas y sufrir por Navidad.

No es así.

Responsabilízate de tu estado porque es la única forma en la que puedes transformar situaciones, ver posibilidades, sufrir menos incluso poder volver a disfrutar mucho (quizá de una forma diferente).

Lo que te ata seguramente sean muchas normas rígidas que además atan a otras muchas personas y quizá incluso hagas un favor al dar un golpe sobre la mesa y abrir la veda a opciones más flexibles.

No esperes que todo el mundo apoye tu idea o decisión.

No todos van a estar de acuerdo contigo siempre. No pasa nada, no significa que estés haciendo algo malo.

Tienes que pensar en ti y en tu gente al mayor largo plazo posible. 

Si ha habido algún cambio en la familia o en tu situación puntual, quizá quieras replantearte cómo deseas de aquí en adelante relacionarte con esta época.

No hay una sola opción de por vida.

Si te amargas pensando que vas a arrastrar una cruz, vas a cargar con esa cruz a otras personas que quieres con todo tu corazón.

¿Cuál es la forma más sabia de poder relacionarme con esto que me surge en estos momentos?¿Con qué decisión me quedo más en paz?

Toma esta pregunta de verdad y plantéatela.

Después, toma una decisión.

Si tomas opción A, surgirán unas emociones que tendrás que aceptar.

Si tomas opción B, surgirán unas emociones que tendrás que aceptar.

Lo que no vale es:

  • Tomar opción A.
  • Quejarse y engancharse en pensamientos de opción B.
  • Enredándote en las emociones que genera la opción A.

Cada decisión requiere unas emociones con las que lidiar y para sufrir lo menos posible (1), tu compromiso de no rumiar sobre el pasado y el futuro(2), entrar en juicios constantes ni ponerme en posición pasiva (3).

Espero haberte ayudado a desgranar un poco el sufrimiento que tenemos a veces por estas fechas.

Este post solo te habrá aportado algo y habrás llegado hasta el final si estás dispuesto a hacer algo por ti mismo para cambiar la situación.

Si eres de los que odian la Navidad porque sí y te identificas con ese rol y sabes que seguirás un año tras otro de la misma forma, entonces nada. Simplemente deja pasar el tiempo hasta el 8 de Enero.

Pero quedan muchas Navidades por delante y hay muchas opciones de re-configurar tu forma de vivir estas fechas.

Merece la pena que te pares y veas alternativas.

Para ti, si esto te resuena y estás por la labor, estoy aquí en los comentarios para echarte una mano en lo que pueda.

Tanto la Navidad como el verano son las épocas más difíciles del año y los psicólogos lo vemos claramente en las consultas.

Los momentos difíciles son también oportunidades.

No olvides que las emociones muchas veces son mensajes y nos traen grandes enseñanzas para tomar decisiones importantes en nuestra vida y re-enfocarnos hacia nuestros valores.

Al fin y al cabo, la navidad, al igual que el verano, simplemente destapan cosas que están y que tenemos que poner en su sitio. No podemos mirar hacia otro lado.

Y hay cosas con las que no podemos hacer gran cosa salvo recolocarnos en nuestra forma de gestionarlas.

Pero hay otras muchas en las que sí podemos hacer.

Nos vemos en los comentarios.

 

P.D: Si quieres aprender de tus emociones y tener la capacidad de dejar de enredarte en pensamientos que no te llevan a ningún lado, quizá te interese descargarte el minicurso de mindfulness que tienes aquí debajo donde te doy 3 ejercicios para dejar de rumiar pensamientos.

 

P.D: Y si ya sabes que el mindfulness son herramientas muy potentes para aprender a entenderte, gestionar las situaciones difíciles y aprender a vivir en plenitud incluso en momentos de crisis interna o externa, puedes aprovechar para darte un regalo de Navidad que tenga efecto desde ya hasta el resto de tu vida. Estoy con una promoción especial donde además hay regalitos. Tienes más información aquí en el curso Ajá Moments.

 

¿Son valientes las hormigas cuando dan su vida para salvar a la reina?. Esa pregunta me trajo muchas reflexiones sobre la voluntad y el miedo. No puedes ser valiente si no has sentido miedo, no hay valentía tampoco si no hay elección en ese camino. La clave está en la libertad interna y es allí hacia donde siempre me he dirigido.

albavalleroz@gmail.com

Comments: 1

  • reply

    Verónica

    diciembre 19, 2018

    Hola Alba, está muy chulo el post, me ha gustado mucho. Yo, por suerte, aún disfruto de la Navidad porque no he tenido que enfrentar la muerte ni la ruptura.
    Pero si tengo siempre un pequeño dilema, y es el dinero que debo gastarme en los regalos jeje primero hago una lista y a mi madre me gusta comprarle algo “pomposo” y caro, pero cuando ya lo he comprado surge el remordimiento, el pensar que no lo necesita, que no debería gastarme ese dineral…y me siento triste y abatida porque al final llegó a la conclusión de que comprar ese regalo ha sido una estupidez y una equivocacion….definitivamente creo que no tengo claro lo que quiero jaja

    Besos

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